
Estado del bienestar y del malestar
El zurdo ·
Secciones
Servicios
Destacamos
El zurdo ·
El lodazal levantisco provocado por la catastrófica DANA del pasado 29 de octubre ha enfangado aún más si cabe la política patria, cada día más ... parecida a una encarnizada lucha entre gladiadores y fieras en un embarrado anfiteatro romano. Y, por si fuera poco, un tal Víctor de Aldama, que se jactaba de tener buenas aldabas en el Gobierno y el PSOE, ha terminado de enmerdar todo y a todos con su cóctel molotov de verdades, medias verdades y mentiras enteras. De las acusaciones de De Aldama acaso se pueda decir lo que afirmó Rajoy de los papeles de Bárcenas: «Todo es falso, salvo alguna cosa que es cierta». Lo cierto es que esta suerte de señor Lobo mesetario ha conseguido con sus explosivas revelaciones que me pase lo que al exdiputado socialista Eduardo Madina, «no le quiero dar credibilidad pero sé que tengo un problema, porque a Bárcenas se la di».
Mas sentencien lo que sentencien al final los tribunales, el mal ya está hecho por el tal De Aldama, pues quedará para siempre la indeleble sombra de la sospecha, mucho más alargada que la de la verdad, en claro retroceso en estos oscuros tiempos posmodernos en los que se impone no quien tiene la razón, sino quien la pierde y suelta la mayor burrada. Que se lo digan a Donald Trump.
El caso es que 'hunos' por otros, la casa sin barrer... de lodo. No es de extrañar, por tanto, que los valencianos en particular y los españoles en general se sientan desamparados e indignados con su clase política y que vaya calando entre ellos, como una gota fría, eso de «el pueblo salva al pueblo», un lema más populista que popular que han viralizado como una peste los hijos políticos de Goebbels y enemigos de lo público para desacreditar el Estado benefactor. Este, sin embargo, es más necesario que nunca en épocas de tribulación como la que vivimos. Winston Churchill dijo que «la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado». Pues del Estado de bienestar se puede decir tres cuartos de lo mismo: es el peor modelo socieconómico de Estado, exceptuando todos los demás que se han probado. Porque lo mismo que la democracia extiende los derechos políticos a toda la ciudadanía, el Estado de bienestar garantiza los derechos sociales a toda la población.
En la tragedia valenciana no ha fallado el Estado benefactor, sino quienes ahora lo gestionan. El filósofo José Antonio Marina advierte que, «como estamos viendo en gran parte del mundo, la ineficiencia de la democracia provoca la nostalgia del autoritarismo, el rechazo de la cogobernanza y la sumisión a un líder fuerte». Esto es extrapolable al Estado de bienestar. Su ineficacia, o mejor dicho, la de quienes lo pilotan, carga de argumentos espurios a los Milei, Trump y los de su calaña paleolibertaria, esos que predican su desguazamiento motosierra en una mano y rifle en la otra porque ellos medran en el estado de malestar.
Como advirtió el rey Felipe a un vecino de Paiporta el día que él, la reina Letizia, Pedro Sánchez y Carlos Mazón fueron recibidos por los vecinos a cañas y barro, «hay mucha intoxicación informativa. Hay personas interesadas en que el enfado crezca, ¿para qué? Para que haya caos». Porque del caos se benefician aquellos que quieren imponer un nuevo orden regido por la ley del más fuerte.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones de HOY
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.