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El pasado lunes, 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, este periódico publicó una información inquietante: «Los jóvenes justifican la ... violencia de género el doble que el resto de españoles. Uno de cada cinco chicos cree que insultar, amenazar o golpear a su pareja es lícito y el 15% piensa que también lo es obligarla a tener relaciones sexuales».
Así lo refleja la radiografía anual sobre el estado de la violencia de género en España elaborada por Fundación Mutua y Antena 3. Este estudio concluye que entre los chicos de 16 a 21 años proliferan de forma preocupante comportamientos y actitudes machistas que imitan o se inspiran en muchos de los contenidos que consumen en internet y las redes sociales, como el porno, o en la música con letras y parafernalia sexista que escuchan, que «contribuye a estigmatizar a las mujeres». Por ejemplo, un tercio de estos adolescentes ve perfectamente normal controlar el móvil o la forma de vestir de su novia, o prohibirle ver a familiares o amigos. Casi la mitad de ellos también considera tolerable fiscalizar los gastos de su pareja, ponerle objeciones a que estudie o trabaje, o vigilar sus horarios.
Estos datos muestran la involución machista de una parte significativa y creciente de las nuevas generaciones. Si esto ocurre, como advierte la jueza especialista en violencia contra la mujer Cristina Mendigutía en una entrevista en HOY con la compañera Ana B. Hernández, es que «hay algo que se está haciendo mal», porque «el mensaje de igualdad que damos no llega» a los jóvenes. Y no solo a los varones, ya que, alerta Mendigutía, «hay muchas chicas que entienden hoy que el chico está por encima porque la protege y la cuida».
Este resurgir machista es a un tiempo causa y consecuencia, como una serpiente que se muerde la cola, del auge de la ultraderecha, que ha hecho del negacionismo de la violencia de género y el cuestionamiento del feminismo una de sus banderas. Para partidos como Vox, «los mismos que defienden la ideología de género que utiliza a las mujeres olvidan a las demás víctimas –hijos, hermanos, abuelos y parejas– y crean una guerra de sexos, acabando con la presunción de inocencia para los varones». Un discurso inverso y perverso que diluye la violencia machista en una más difusa «violencia intrafamiliar» y victimiza al hombre heterosexual al considerarlo blanco del «feminismo radical». Sin embargo, las estadísticas lo desmienten: los hombres matan en España a sus esposas o exparejas siete veces más que las mujeres a sus maridos o excompañeros. Así lo certifica el Observatorio contra la Violencia de Género tras analizar los crímenes en la pareja registrados en 2023.
Pero lo cierto es que, lamentablemente, ese discurso antifeminista ha reempoderado a la muchachada machirula, que se siente ahora liberada y legitimada para sacar el macho alfa que lleva dentro. Acaso no poca culpa de esa exacerbada reacción machista la haya tenido una facción del feminismo que ha acabado confundiéndose de adversario, como apunta Adriana Cavarero. En una reciente entrevista en 'El País', esta pionera del feminismo italiano critica que en su época «el enemigo común del feminismo y de la izquierda era el sistema patriarcal, que era una cara del sistema capitalista»; en cambio, ahora para parte de las feministas y del colectivo LGTBI «el enemigo ya no es el capitalismo o el patriarcado, sino el binarismo y la heterosexualidad».
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