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El Cáceres de Rafael Mateos
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Después de un ejemplar traspaso de poderes por parte de Salaya, el nuevo alcalde intentará imponer su agenda distanciado de VoxDía uno de Rafael Mateos como alcalde de Cáceres. Tres semanas después de las elecciones y tras un ejemplar traspaso de poderes por parte de ... Luis Salaya, el nuevo depositario del bastón de mando ha iniciado su andadura marcando las distancias con Vox –en contra de la deriva que lleva el PP a nivel nacional– y asumiendo un gobierno en minoría sin acuerdos previos con la formación de ultraderecha. Ha optado por tomar posesión sin ataduras y tratar de buscar acuerdos puntuales cuando lo necesite para sacar adelante sus políticas, una estrategia que en principio le otorga libertad de movimientos, pero que habrá que ver si no deriva en parálisis llegado el caso. Dependerá de lo dispuesto que estén Vox y los demás partidos a permitir la gobernabilidad municipal sin contraprestaciones.
Si atendemos a su programa electoral, en principio no habría nada en el Cáceres que Rafael Mateos tiene en mente a lo que Vox pudiera oponerse. El PP ha basado su campaña en la bajada de impuestos municipales y en cuatro grandes proyectos (Ribera del Marco, Plaza Marrón, avenida Virgen de la Montaña, piscina climatizada en Casa Plata) ideológicamente neutros, de modo que los posibles palos en las ruedas que puedan poner los de Abascal irían más bien por otros derroteros, como el reparto de las subvenciones municipales o el papel del IMAS. No parece que la mina de litio vaya a encontrar una gran resistencia por parte del PP ni de Vox, y a ninguno de los dos les gusta el proyecto budista del monte Arropez, que ven por completo ajeno a la identidad cacereña. Hay por otra parte incógnitas, como qué apoyo tendrá a partir de ahora el ecopolígono CC Green, que en cualquier caso apenas ha avanzado en la práctica desde que se presentó oficialmente hace más de un año, o si el PP tiene intención de regular el boom de los apartamentos turísticos.
Cada cual tendrá su opinión sobre si Luis Salaya ha sido o no un buen alcalde para Cáceres y habrá debates sobre si la ciudad está ahora mejor o peor que hace cuatro años. Lo que nadie podrá negarle es que ha sabido irse. En los 20 días transcurridos desde la noche electoral no se le ha escuchado en público ningún reproche, y desde luego no ha acusado a los votantes de ser irracionales, como hizo el candidato socialista de Badajoz. Su decisión de abandonar la política, aunque no haya gustado dentro de PSOE, es difícilmente criticable porque cada cual es dueño de su vida y tiene sus motivos, y le honra el detalle de haber querido traspasar él mismo el bastón de mando a Rafael Mateos en el pleno de ayer, en lugar de quitarse de la foto y dejar ese trámite en manos de la concejala de mayor de edad, como dicta el reglamento.
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