Las manipulaciones posteriores y el fraudulento y altanero uso por aquellos políticos que amarrados al talonario oficial practicaron, no han de servir ahora, si se aplicara un análisis sin prejuicios, como pretexto para el desprestigio de esa creación
Feliciano Correa
Sábado, 24 de febrero 2024, 07:56
El carrusel de declaraciones es en nuestros días un bombardeo atosigante. Una impertinencia empuja a la noticia del día anterior, dejando mustio lo que unas ... horas antes fue portada. La brevedad del ser se acelera con el vértigo. Con motivo de conocerse que Nebulosa representará a España en el Festival de Eurovisión 2024, se han cruzado pareceres contrapuestos. Eso no ha de dañar a una sociedad que cultiva con desparpajo la libertad de opinión, pero siempre que no se hiera la memoria histórica, a veces intencionadamente acotada y no entendida como patrimonio de todos. Entre las declaraciones ha sobresalido lo expresado por el presidente del Gobierno en el espacio 'Al rojo vivo': «Yo entiendo que a la fachosfera le hubiera gustado el 'Cara al sol', pero a mí me gustan este tipo de canciones». ¡No hombre, no! Veamos; el hecho de que Franco manejara interesadamente la escasa liturgia del falangismo y su himno como colofón de actos políticos, no justifica, en nuestros días, una expresión gubernamental descalificadora. La ignorancia y la ausencia del saber histórico hace tropezar burdamente. Ni Fuerza Nueva, ni Franco, ni los regüeldos atemporales de camisas viejas arrastrando coronas y banderas periclitadas para recordar un falangismo que hoy no tiene cabida ni sentido, han de empañar la lucidez de españoles de bien. Porque fueron intelectuales sobresalientes, personas de mentes cultivadas, los que generaron esta pieza literaria de amor, combate y esperanzas. En la impecable obra de la doctora Mónica y su hermano Pablo Carbajosa, 'La corte literaria de José Antonio', se expresa el prestigio de estos autores. Nada tiene aquello que ver con la estampa que ahora nos resulta grotesca, al ver los retratos añejados de guerreras blancas y negras, sacapechos con botas altas y correajes bajo palio, para disimular los excesos arropándose con la cruz. Tales estampas han desdibujado el crédito intelectual de Agustín de Foxá, Pedro Mourlane, Jacinto Miquelarena, Dionisio Ridruejo y Rafael Sánchez Mazas, concitados por José Antonio para dar forma al himno, según refiere Ximénez de Sandoval en la biografía dedicada al líder falangista. En mi reciente libro sobre la Transición política recuerdo que fue el maestro Juan Tellería el creador de la música. Alguien al que el franquismo jamás reconoció su ingenio, a pesar de usar esa composición como logotipo sonoro del régimen. Se cantaba en las escuelas, en los campamentos juveniles, en los aniversarios oficiales… Pero se ignoraba al maestro Tellería, que no recibió recompensa alguna por su genialidad compositora. Este guipuzcoano de Zegama ya había escrito antes una partitura dedicada a su pueblo natal titulada 'Amanecer en Zegama', que llegó a ser el germen del 'Cara al sol'. Vivió y murió sin homenajes y, en 1972, el día de la patria vasca, un grupo de sanguinarios oficiantes de la dinamita y la bomba lapa, mandó por los aires el modesto busto del músico elevado por su pueblo.
Los orígenes de esta pieza son tan nobles y legítimos como certera su calidad literaria y musical. Las manipulaciones posteriores y el fraudulento y altanero uso por aquellos políticos que amarrados al talonario oficial practicaron, no han de servir ahora, si se aplicara un análisis sin prejuicios, como pretexto para el desprestigio de esa creación. Los tomistas seguidores de la doctrina de Santo Tomás de Aquino, tan perspicaces como precisos, solían decir: «Sí, pero distingo». Porque distinguir es condición necesaria para llegar a la verdad. Tirar por la calle del medio sin apoyarse en un sólido asidero argumental, no solo genera desafectos innecesarios, sino que confunde y pervierte a la sociedad con adoctrinamientos turbios, sean tácitos o explícitos.
El director de cine Basilio Martín Patino, no pudo estrenar hasta 1976 su película 'Canciones para después de una guerra', ya montada clandestinamente en 1971. Y declaró «en la guerra había entusiasmo y una entrega estimulante». También en la preguerra.
Respetar el sentido verdadero de las páginas históricas vistas en el contexto de su tiempo, es muestra de sabiduría. Usarlas como relleno para engordar la demagogia es la resaca de una insidia no curada, y ganadora de la partida a la concordia que abanderó la Transición política. Del mismo modo que el 'Cara al sol', aquellas canciones republicanas como '¡Ay Carmela!, 'Los cuatro muleros', 'El tren blindado' –conocido como 'Anda jaleo, jaleo', e inspirada en recopilaciones de Federico García Lorca–, han de verse como legítimos desahogos líricos de españoles que, en su pasión bélica o política, las usaron con espontaneidad romántica para aminorar la pesadumbre de los desencuentros. Los de un lado y los de otro merecen, desde esta atalaya del siglo XXI, un exquisito reconocimiento a su entrega. Y respeto. Pues, a su modo y en su tiempo, fueron patriotas leales sobre los que no se justifica arrojarles insinuaciones denigrantes.
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