Hace unos días, leía un artículo de Alberto Olmos en el que se preguntaba si los autónomos son seres humanos, señalando los atracos constantes a ... este sector. En resumen, contando la verdad. Miré al techo y se me vino algo: «Solo hay una cosa peor que ser autónomo en España, es serlo en Extremadura».

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Después de la visita de Isabel Díaz Ayuso (IDA), de las apariciones de M. Ángel Gallardo (MAG) y las aportaciones de María Guardiola en esta semana tan lucrativa para la cosa mediática extremeña, las únicas preguntas que a uno le restan es quien va a pagar la multa del minibús de IDA o si los extremeños somos personas y, si la respuesta es sí, ¿cómo se aguanta con la cabeza tan alta el pagar tanto y tener tan poco?

Al ser nuestro dinero aquello que se utiliza para pagar todo en este país, incluyendo la prostitución de catálogo para la caricatura política, la primera cuestión se zanja sola. La segunda, se retuerce. Todo es debatible hasta que alguien muere. Decía Soto Ivars en un podcast sobre el desastre de valencia: «Yo tengo espíritu socialdemócrata. Pago impuestos para que esto no pase. Si pago impuestos y pasa, ya no quiero pagar impuestos».

En los últimos seis años, 16 personas han muerto en la N-432. La izquierda acusa de demagogia el gesto de solicitar la construcción de la autovía A-81 mencionando los accidentes ocurridos. Según ellos, no se puede utilizar el dolor para hacer política y uno no entiende cómo se puede señalar la urgencia de ese proyecto sin mencionar 16 muertos.

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Extremadura paga sus impuestos, sus trenes arden de abandono y su gente se muere en una carretera. Mientras, ve su cuota de autónomos subir, presencia el reparto de la deuda de Cataluña al resto de regiones, se paraliza al cerrar su central nuclear y mira cómo se escapa el dinero hacia Rabat en forma de préstamo millonario para la modernización y expansión de su red ferroviaria. Suena a broma, no lo es.

Son malos tiempos para ser extremeño, son peores para ser MAG, al que le ha tocado desempeñar el peor papel de todos: alguien que quiere ser extremeño, pero se ha dado cuenta de que también es del PSOE y aún no tiene muy claro quién le va a pagar mejor. Está ahí, entre Cáceres y Badajoz.

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