Fue aquella noche del 28 de mayo de 2023, en la que María Guardiola tuvo la ocurrencia de salir públicamente, postulándose como única candidata a ... ser investida presidenta de Extremadura, cuando sentó las bases de su recorrido gubernamental, entregando su alma a Vox. La puntilla vendría con el sainete del no a Vox, abrazando finalmente la directriz electoral de Feijóo: teniendo gobiernos autonómicos, aunque ficticios, nos llevarán en volandas a la Moncloa. (Vox es a Feijóo como Puigdemont a Sánchez).
Publicidad
En este escenario, la presidenta extremeña comenzó a sentirse cómoda. Y cayó en la ocurrencia de la vía fácil para llegar inmaculada al final de la legislatura y repetir entonces con una holgada mayoría absoluta. Para ello no necesito hacer política, evitando así deslices indeseados. Me basta un discurso vacío, con tintes sentimentales de extremeñismo, amplificando la herencia recibida, incluso también la de Monago (regadío en Tierra de Barros) y añado una imagen pública alegre, poco sofisticada, basada en gestos cariñosos hacia la gente en general, colectivos varios, niños y mayores.
Pero en democracia esto no funciona así, aunque ahora con bulos y redes sociales, entre mentes cortoplacistas y poco democráticas haya quien llegue a pensarlo. Los ciudadanos precisamos política y democracia. La democracia es ideología, pluralidad y transparencia, diálogo, acuerdo y respeto al diferente, también institución, norma y forma; y todo ello política. Para hacer política en democracia hay, sin equívocos, que creer en una y otra.
La siguiente gran ocurrencia de Guardiola la tuvo el verano pasado, cuando sus socios de gobierno la dejaron sola y, en vez de asumir la minoría, se envalentonó, dando cobijo al consejero tránsfuga y no presentándose a la confianza del Parlamento que, al menos, le hubiera justificado anticipar elecciones para generar un nuevo marco político, probablemente diferente al 28-M; posibilitando, entre otras cuestiones, unos Presupuestos 2025 y una política económica y social sin la espada de Damocles que ahora pesa sobre su cabeza.
Publicidad
A partir de ahí llega la confusión y las ocurrencias fluyen en cascada. Se victimiza culpabilizando a la oposición por la falta de consenso, cuando este solo puede partir de su iniciativa y responsabilidad. Defiende a las propietarias de Almaraz cuando, con pingües beneficios en 45 años, no han convertido precisamente a la comarca en la «milla de oro extremeña». En un arrebato, llega incluso a plantear su nacionalización y trae estos días a su homóloga madrileña, a sabiendas que Ayuso defenderá a ultranza la continuidad de la nuclear, pues Madrid (sede social de Almaraz), sin mancharse, se endosa cientos de millones anuales en IVA.
Presidenta, con el patio extremeño, nacional e internacional que tenemos, bien podría reflexionar una ocurrencia para el buen gobierno: llame al partido que ganó las elecciones, siéntense las jornadas que sean necesarias y lealmente con transparencia, saquen adelante, hasta las próximas elecciones, una hoja de ruta conjunta en política socioeconómica. Extremeños y españoles se lo agradeceríamos. La democracia también.
Escoge el plan de suscripción que mejor se adapte a tí.
¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión
Te puede interesar
Una moto de competición 'made in UC'
El Diario Montañés
Publicidad
Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación.
Si continúa navegando acepta su uso. ¿Permites el uso de tus datos privados de navegación en este sitio web?. Más información y cambio de configuración.