¿Qué ha pasado hoy, 26 de febrero, en Extremadura?

Hi, hello, bonjour, hola, ciao, hallo, salam aleikum…, podríamos seguir si queremos saludar en distintos idiomas que correspondieran al país donde nos encontremos.

Publicidad

Siempre me ... ha sorprendido gratamente la educación de los niños franceses que, al cruzarse con una persona mayor (yo ya debo serlo), casi obligatoriamente le sueltan un «bonjour, monsieur». Mira por dónde, comentando esta anécdota con un amigo que ha vivido en Francia me corrige por lo siguiente: esa es la fórmula de cortesía empleada en Francia cuando te diriges a una persona mayor o bien con un estatus superior, laboral e incluso social, cosa que desde luego no habría alcanzado ni a imaginar.

Mi amigo es enseñante, trabaja en el extranjero en un centro compuesto por un crisol de nacionalidades tanto en alumnado como en docencia. Pues bien, al hilo de esta conversación que mantuvimos durante un agradable café, me decía irritado que algunos profesores compañeros suyos, al cruzarse con él por los pasillos, ni siquiera se dignan a responder a su saludo por lo que, en un elevado tono de voz espeta «he debido cruzarme con un perro». Solo entonces la persona aludida se excusa, no por no haberlo oído, sino «porque los nórdicos no tienen esas costumbres tan afables como la gente del sur».

Costumbres afables…, evidentemente eso, exasperó aún más a mi amigo.

No saludar refleja desinterés, falta de respeto, desconsideración, arrogancia, aislamiento, y dificulta relaciones básicas.

Me paro a pensar y no veo yo que en el sur lo hagamos mejor, bueno, cruzarse con un colega por un pasillo y no responder sería motivo de escarnio, pero en general tampoco somos pródigos en saludos.

Publicidad

Aquí no, aunque antes sí. En nuestro país se ha perdido la fórmula con algunas honrosas excepciones como son el ámbito rural y los caminos y senderos, ahí si se saluda casi todo el mundo. Yo añoro esa práctica, y me da rabia que se haya ido perdiendo por el mero hecho de que lo foráneo siempre sea mejor gracias a ese maldito complejo que arrastramos de pertenecer a la Europa cateta, de segunda división, o como dicen ahora nuestra pertenencia al grupo «lower speed», de menor velocidad, a pesar de que, actualmente, tengamos la economía más boyante del viejo continente.

Saludar es algo más que una fórmula social: es un acto fundamental que refleja acato y educación. Es la forma más fácil para reconocer la presencia de los demás, mostrando que valoramos su existencia y su bienestar. Este gesto crea un ambiente de cordialidad, establece una primera impresión positiva y facilita la comunicación, el entendimiento y también tiene un componente emocional importante, pues demuestra empatía y preocupación por el bienestar del otro. Es sencillo, pero a la vez poderoso, porque contribuye al fortalecimiento de los valores de educación y cortesía. Ojalá fuera una práctica que se transmitiese a las generaciones más jóvenes y a los europeos del norte, inculcando principios de urbanidad en la sociedad, claves para la educación y para cumplir el mandamiento más difícil, el respeto.

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Escoge el plan de suscripción que mejor se adapte a tí.

Publicidad