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Decía Víctor Lapuente en una ocasión que a Podemos se le podían encontrar defectos, peso sobre todo uno: su falta de humor. Y me acordaba ... del politólogo español instalado en Suecia mientras escuchaba a la portavoz de Unidas por Extremadura, Irene de Miguel, en el Debate sobre el estado de la región, porque según avanzaba su discurso a uno le entraban ganas de cortarse las venas o tirarse a un pozo, tal era el negro panorama de Extremadura que iba dibujando con sus palabras. No digo que la situación esté para bromas con la inflación disparada, y menos aún con el precio de la sandía por las nubes, que es un ejemplo de economía que lo mimso puedes escuchar últimamente a tu compañero de trabajo que a un experto desde la más solemne tribuna. La sandía como medida de todas las cosas y termómetro de nuestro futuro. Hasta asalté en los premios Extremeños de HOY a Ignacio Huertas, de la organización agraria UPA, para que me explicara por qué hablamos tanto del precio disparado de la sandía y no, por ejemplo, del que tiene el melón. Otro día podemos profundizar. El caso es que De Miguel ya había dicho que gracias al gobierno de coalición, es decir, a Unidas Podemos, «Extremadura está levantando cabeza», y había desgranado todos los males de la región, responsabilidad del PSOE, es decir, de Vara, cuando empezó a tirar de humor y ser graciosa, es decir, creíble.
La portavoz reconoció sentirse «despechada» porque el presidente de la Junta llamó a Monago y no a ella para encontrarse «con los chinos» que invierten en la gigafactoría, y tiene razón, porque define bien el modo de hacer y entender la política de Vara, que es ensanchar por el centro los espacios de acuerdo. Se puede compartir o no, pero el granero de votos, aparte de la querencia política que pueda tener el presidente extremeño, está hacia la derecha del PSOE aunque sus bases estén más a la izquierda.
Luego fue a más De Miguel y calificó, para rechazarlo, a Vara como un «presidente coach», expresión que tiene su gracia y resume en dos palabras el fondo y la forma de su discurso en el Debate. Porque el presidente de la Junta no fue esta semana a la Asamblea a recordar lo que ha hecho en estos tres años de legislatura, y poco detalló de lo que se propone hacer en el que resta aún, más allá de buscar la manera legal de que el litio se transforme aquí; pasó de puntillas por la sanidad y el tren, que polarizan los debates ciudadanos a cualquier hora del día, y se mostró humilde con los datos del paro, porque el empleo dijo lo crean los empresarios y, además, digo yo, ya veremos cómo sigue a partir de otoño. Vara en lo que se esforzó es en pedir que creamos en nosotros mismos, es decir, que creamos en él porque él sí cree en los extremeños. Un tono emocional que le costó que la oposición le tachara de mitinero.
A estas alturas, el presidente de la Junta sabe, como Monago («yo también tengo mi parte de culpa con el tren», aseguró el portavoz del PP el día de su despedida), que no hay varitas mágicas para resolver problemas que además son estructurales o muy caros, como las infraestructuras; pero lo que sí pide Vara es que se tenga «ambición sana», como indicó varias veces en tono de coach, efectivamente. Esa es la parte del contrato que le reclamó durante el Debate a la sociedad extremeña: que no sea tan escéptica sobre los avances que se van consiguiendo; y del resto, es decir, de intentar inversiones y mejoras para la comunidad, ya procura encargarse él.
Vara puede percibir que se ha quedado solo en la política extremeña. El PP se renueva, Cs y Podemos se achican y Vox no tiene candidato, todo lo cual no garantiza nada al PSOE en mayo del año que viene. Pero ese es el panorama actual. Siguiendo la terminología del mencionado Lapuente en 'El retorno de los chamanes', hay dos culturas políticas hoy en día, la del chamán y la del explorador; el segundo se inspira en «un sentimiento opuesto a la indignación: la templanza», y se caracteriza porque «aparca el lenguaje grandilocuente de la lucha y las conquistas sociales y abraza el lenguaje humilde del consenso y el pacto». Según el politólogo, así se avanza más. Está claro que Vara se inclina por ser explorador.
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