El anuncio de la reunión entre Donald Trump y Volodímir Zelenski, llamados a rubricar mañana en Washington un acuerdo para la explotación conjunta de las ... llamadas 'tierras raras' en Ucrania, dibuja una situación inimaginable hace tan solo dos meses. Aunque nada esperanzadora. No está claro que el subsuelo ucraniano acumule ni la variedad de elementos minerales con propiedades valiosas para la nueva industria de las comunicaciones y de la defensa, ni la cantidad que presuponen Trump y Kiev.
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El saqueo de materias primas emprendido por Trump en Ucrania ante un Zelenski al que se ha empeñado en debilitar a los ojos de Rusia introduce a los países democráticos, y al mundo en general, en la dinámica del capitalismo extractivo. Las grandes compañías tecnológicas parecen haberse ensamblado con el poder federal de la presidencia republicana, hasta formar parte de las nuevas instancias de Washington. Es algo parecido a lo que hacen estas empresas con autocracias como China y Rusia, aunque simulen en estos casos un papel subsidiario, casi de vasallaje.
La entente alcanzada por Ucrania con Estados Unidos, como condición para el fin de las hostilidades, no asegura la paz. Al contrario, contribuiría al cuestionamiento sistemático de la soberanía territorial. Habrá que ver cuáles son las garantías de seguridad que la Casa Blanca ofrece a Kiev frente a la narrativa panrusa e invasora del régimen de Vladímir Putin, que ha conseguido puentear con total impunidad a Ucrania y a la UE. Putin se ofrece a Trump para desordenar esta parte del mundo llamada Europa a partir de la guerra iniciada hace exactamente tres años. Agresión que Trump no ha tenido empacho en imputar al país atacado por haber pretendido recuperar el territorio invadido por el Kremlin en 2014.
Resulta tan bochornoso como descorazonador que Estados Unidos busque para las empresas radicadas allí réditos inmediatos, a cambio de la ayuda militar prestada por la Administración de Joe Biden nada menos que para contener el expansionismo de Putin. Y lo hace con el objetivo sublime de «recuperar su dinero». Una simple misión comercial si lo comparamos con la crueldad psicopática del presidente de EE UU por alentar siquiera la producción y difusión de un vídeo promocional de la Gaza turistizada con la que sueña tras 'limpiar' la Franja. Un delirio sobre el que destaca la imagen de una estatua dorada del propio Trump, sin importarle que luzca como un tirano.
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