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JOAN-IGNASI ORTUÑO
Sábado, 6 de febrero 2010, 03:15
Repetir curso no siempre es un drama, ni siquiera en la mismísima Universidad. Tomás Peña Durán (Badajoz, 1949), por ejemplo, es un buen ejemplo, valga la redundancia, de ello. Lleva 34 años, uno tras otro, otro tras uno, sin necesidad de ser de una tuna, por supuesto, sin necesidad de haber participado en ninguna novatada, claro está, y de 'universitario'. Bueno, de ordenanza, que es el último escalafón del funcionarismo, pero que, para él, y lo dice con pasión y sin desánimo, viene a ser lo mismo. «Yo aprendo todos los días. Para mí la Universidad es todos los días un libro abierto. Los años dan experiencia, evidentemente, pero siempre vas adquiriendo conocimientos. Además, gracias a Dios, gozo de respeto, soy muy querido en la casa», dice.
Si la veteranía es un grado, y lo es, no cabe la menor duda de la experiencia y preparación que Tomás Peña Durán (quien luce su corbata azul y el escudo de la UEx bordado en la camisa como si de galones jerárquicos se trataran) atesora. «Llevar esta corbata significa una responsabilidad, hacer bien diariamente el trabajo». Magisterio, Medicina, Biblioteconomía y, ahora el Rectorado son los centros de enseñanza universitarios por donde ha pasado.
«Por las diferentes facultades donde he prestado mis servicios, cada vez que celebran los actos de sus patrones, me suelen invitar. Tienen esa consideración conmigo, como forma de cariño, por decirlo así, hacia mi persona. Quizá es una pedantería, pero lo digo como lo siento».
'La escapada', una hermosa escultura del artista norteamericano Roy Shifrin, que reproduce un caballo en movimiento (con todo el movimiento que se puede representar en una escultura, cierto es) y que, según se relata en una inscripción en la obra, rinde homenaje a los primeros caballos que llegaron a América procedentes de Europa, se halla frente a la entrada del edificio del Rectorado de la Universidad de Extremadura desde el año 1994.
Evidentemente, Tomás, que posa al lado de esa enorme pieza («es un símbolo de la cultura», dice) como Dios le dio mejor a entender, para la crónica, ya estaba allí ese año. «Por decirlo así, yo también he vivido los cambios enormes que ha vivido el campus de la Universidad. Ahora es una maravilla, las instalaciones, los transportes, hay cantidad de edificios nuevos, pero antes todo esto era campo. Cuando yo empecé, aquí había una fábrica de hilaturas de unos catalanes». Así que esa 'escapada' que anuncia la escultura tricéfala de Shifrin, y que a diario contempla el ordenanza y también todos cuantos entran y salen de ese lugar de trabajo, es, muy probablemente, con perdón de la utilización de la metáfora, una escapada hacia adelante. La de estudiantes (y de profesores) que conocieron y conocen a Tomás Peña Durán, desde el momento de su ingreso en el año 1975 hasta la actualidad, es ingente. ¿Puede haber alguno que no haya visto nunca a Tomás?
Aportación a la cultura
Por otra parte, este hombre se precia de haber aportado su granito de arena en actividades culturales universitarias a lo largo y ancho de todos estos años, como, por ejemplo, el haber «presentado algún que otro recital de flamenco» (su gran pasión, es miembro de la Asociación de Arte Flamenco de Badajoz y de la Peña 'La Encina') y haber «organizando exposiciones de carteles dedicados a la Semana Santa» (su otra gran pasión, pues es miembro de varias cofradías pacenses y de Cádiz, Málaga y Sevilla). O sea, que el hipocentro de Tomás, que, por cierto, es soltero, es un círculo casi perfecto con el epicentro situado en el Rectorado de la UEx.
«Yo siempre he tenido, por decirlo así, una meta, una conexión grande con la casa, con la institución universitaria. Es una de las cosas que nuestra universidad tiene, la participación», asegura.
Es imposible conseguir que el ordenanza Tomás, cuyo principal cometido en el Rectorado (fotocopias aparte) consiste en, colocado tras el mostrador, informar a cuanto visitante llegue, hable de alguna contrariedad, de algún disgusto, de algún percance vivido aquí, después de tantos cursos transcurridos en lo que él llama, y no eufemísticamente, 'la casa'. No cabe duda de que la primera impresión que se lleva un visitante del Rectorado es la imagen que ofrecen el ordenanza y sus compañeros de fatigas, y eso imprime carácter. Aunque en cuestiones de carácter cada persona es un mundo. A Tomás Peña Durán se le ve feliz (probablemente más feliz que el rector y mucho más que, perdón por la inclusión en tan ilustre listado, el cronista) y contento. «Hay que tener mucho tacto y un respeto grande a las personas que vienen buscando información». He ahí, quizá, el secreto de su éxito.
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