Secciones
Servicios
Destacamos
M.B.T.
Domingo, 4 de diciembre 2011, 01:27
La gestión cultural ha sido una de las más arraigadas dedicaciones profesionales de Basilio Rodríguez Cañada que veló armas en este sector como muñidor de actividades culturales de los colegios mayores de Madrid. Era cuando todavía sentía muy cercanos los recuerdos de la Extremadura que dejó atrás con la emigración y aún podía volver con frecuencia a correr a caballo las calles de Navalvillar por San Antón. Luego, la distancia se fue afianzando y sufrió esa transformación habitual en los emigrantes que sienten con pesar cómo se debilita su pasado para abrazar con más intensidad la vida de la ciudad que les acogió. Editor, viajero habitual, escritor y poeta, ha resumido sus diversos libros de poesía en el volumen 'Suma poética. 1983-2001' y preside el Pen Club español. Cree que los autores extremeños en el exterior no han sido a veces suficientemente reconocidos.
--¿Tuvo siempre vocación de editor?
-Soy hijo de la emigración. Yo me fui de Navalvillar en los últimos flujos de la emigración interior, a finales de los 60 ó principios de los 70. Me fui con diez años. Me arrancaron de mi contexto rural, con el que me sentía identificado y donde estaba mi gente y donde yo creía que estaba mi vida. Me arrancaron bruscamente y me trasplantaron a un contexto urbano inhóspito y duro. Cambié la naturaleza por una jungla de cemento y amianto y por multitudes que me desbordaban por todos lados. Yo me había nutrido con la tradición de la oralidad, porque entonces había a lo mejor una televisión para toda la calle y la vida se hacía en torno a la mesa camilla y los abuelos que, a través de los cuentos, te transmitían los valores y la experiencia. Me desconectaron de estos referentes y a mí, que había vivido en el campo durante varios años porque soy hijo y nieto de agricultores y ganaderos, me cambiaron a una jungla inaccesible. Entonces me refugié en la lectura. Empecé a escribir muy jovencito, una escritura muy poco pulida, pero a través de la lectura compulsiva entré en contacto con los clásicos y la gran literatura, también con la poesía y el relato corto que son los dos géneros que trabajé. Hice mis autoediciones en plan completamente artesano y las repartía entre mis amistades y familiares. ¿Cuándo me planteé de veras meterme en el mundo de la edición? Cuando llegué a la universidad me animaron a que siguiera con la creación y, unos años después, me incorporé como subdirector de un colegio mayor primero y luego como responsables de las actividades culturales de un conjunto de estos colegios madrileños. Entonces, muchos jóvenes que participaban en las actividades que organizábamos me pidieron que les ayudase a editar sus textos y fue cuando sentí la necesidad de publicar los míos y nos vimos, ellos y yo, abocados a tratar con 'tiburones', con editores piratas que juegan con tus ilusiones para hacer ediciones poco cuidadas y que no cumplen los objetivos que te ofrecen. Entonces me planteé crear mi propio proyecto editorial. Tenía ya veintitantos años.
-Se interesó por la poesía hecha desde Extremadura...
-Me ha interesado desde siempre. He intentado conocerla, desde Gabriel y Galán hasta Chamizo pasando por otros muchos autores contemporáneos. En la etapa en la que estuve dedicado a la gestión cultural en la universidad madrileña traje a muchos de nuestros autores extremeños actuales a Madrid y organicé recitales, mesas redondas y presentaciones, múltiples actividades. Así que creo que conozco bastante bien la creación extremeña. Incluso he publicado la 'Poesía extremeña en el exterior'. ¿Por qué? Esa es una crítica que siempre he hecho y por la que no soy bien visto en Extremadura. Porque he denunciado que en Extremadura somos demasiado provincianos, quiero decir excluyentes, desconfiados hacia lo que viene de fuera aunque sea de nuestra propia gente. En Cataluña, Galicia, País Vasco, Valencia, Andalucía potencian y secundan la obra de sus autores en el exterior porque se convierten en embajadores de esa cultura. Pero en Extremadura no ocurre eso. Hay una cierta desconfianza con respecto a los que estamos fuera. Es como si pensaran que vamos a volver a reivindicar algo, el lugar que nos corresponde en la literatura extremeña u otro tipo de prebendas, aunque cada uno de nosotros ha hecho su vida en el lugar en que reside y en ningún modo se plantea retornar para tener ese reconocimiento. En mi caso me han llegado a hacer alguna propuesta política que rechacé porque la encontraba fuera de lugar. Hemos sido los forasteros, los que emigraron y se quedaron fuera. Es curioso como muchos autores somos bastante más conocidos fuera que en Extremadura.
-Me han dicho que hace unos años que no va a Navalvillar por San Antón.
-¡Ay! Esa es una de mis asignaturas pendientes. Tengo tres hijos preciosos, tres niños pequeños de ocho, seis y tres años que absorben muchísimo, que te necesitan y a los que tienes que dedicar tiempo. Esta profesión de editor te lleva a un nomadeo que yo creo que es una continuidad de esa emigración primera. Pero todos los 16 de enero, yo siento mi sangre bullir por San Antón y esa fiesta y por las personas que ya no están y que me hicieron amarla y por los paisanos que siguen viviéndola intensamente. Hace dos años que no voy. Fui porque quería que mis hijos la conocieran y salí a correr San Antón con ellos, aunque ya no podía ir con caballo.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Horarios, consejos y precauciones necesarias para ver el eclipse del sábado
El Norte de Castilla
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones de HOY
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.