J. R. ALONSO DE LA TORRE
Domingo, 20 de enero 2013, 09:35
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Ni tiene entonación de cura, ni ejerce de prudente, ni escapa de las preguntas comprometidas. Es sincero hasta el punto de emocionarse al decir lo que piensa y lo que siente. A los 30 años se hizo franciscano porque era una orden con presencia en su pueblo, Campanario, y porque le atraía la vida y la obra de San Francisco de Asís.
-¿Cómo reaccionaron en su casa cuando anunció a los 30 años que se iba a hacer franciscano?
-Pues imagínese, acostumbrados al tío y al hijo o al hermano que estaba siempre allí. Supuso un revés grande. Mi madre tenía un San Francisco en casa de una talla considerable, de un metro más o menos. Lo tenía siempre en el comedor, adornado con flores. Cuando me vine a los franciscanos, le dio la vuelta y lo puso mirando para la pared. En aquel primer momento, supuso el desprenderse de alguien, pero cuando ha hecho falta, hemos estado.
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