ANTONIO CID DE RIVERA
Domingo, 2 de junio 2013, 20:50
Resulta todo un reto hacer una entrevista a Miguel Celdrán en el paseo más céntrico de Badajoz. Más de quince interrupciones. Adiós Miguel, adiós alcalde y la correspondiente respuesta: adiós familia o adiós y el nombre de pila. El camarero, el jubilado, el empleado de banca, dos monjas con hábito, una mujer con un bebé y hasta un despistado que todavía pregunta si puede ir a verle al despacho. Popular hasta la saciedad, llega tarde al encuentro después de mostrar donde tiene apuntada la hora de la cita: una servilleta de papel de un bar. Está relajado después de dos meses fuera del cargo y tras haber superado una afección respiratoria que le mantuvo ingresado en el hospital una semana. Humilde con sus correligionarios y soberbio con el enemigo, no deja títere con cabeza; dice lo que piensa y se vanagloria de no importarle nada porque, como él mismo afirma, a sus 73 años está de vuelta de todo.
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