«Hay medicamentos a los que a ciertas personas no les hacen nada». La frase, contundente, es de Ana Bravo, médico del familia del centro ... de salud de Valdesalor, uno de los que forma parte del proyecto Medea de farmacogénesis. Esa especie de sensación de que hay medicinas que no logran los efectos deseados tiene un porqué que revelan los estudios genéticos.
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Para ejemplificar cómo se trabaja muestra uno de los estudios de un paciente de Valdesalor, un informe sin nombre, solo con un número, en el que, con colores, se dan detalles y recomendaciones sobre el uso concreto de medicamentos.
El video elaborado por el SES en el que se da cuenta del proyecto Medea explica que «la prescripción farmacológica ha sido realizada tradicionalmente en base a ensayo-error, pero que cada día es superior la información disponible para aumentar la eficacia y prevenir posibles reacciones adversas».
La genética es fundamental, ya que se han identificado cientos de genes que afectan a la respuesta a fármacos, muchos de ellos codifican proteínas que normalmente participan en procesos de metabolización y eliminación de fármacos del organismo.
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En el proyecto participan 183 profesionales sanitarios de las ocho áreas de salud de Extremadura. El 45 por ciento son médicos de Atención Primaria, el 25 por ciento de Oncología, otro 25 por ciento de Salud Mental y el diez por ciento del resto de especialidades, según los datos aportados Consejería de Sanidad cuando presentó este proyecto. El 30 por ciento de los participantes en este programa presentaron alguna reacción adversa, por la cual tuvieron que realizar algún tipo de consulta al profesional sanitario. El 16,7 por ciento de las reacciones documentadas fueron graves o muy graves. El consumo farmacológico medio de los pacientes estudiados en Medea es de seis medicamentos.
Petra Escudero es una de las vecinas de Valdesalor que participa en el Medea. Toma medicamentos para la tensión, para la ansiedad y para el estómago. Explica que a raíz del estudio le cambiaron algunas dosis. «Se han esforzado porque nos lo hagan y es algo muy positivo», señala. «Es mejor, sueles tomar cosas de hace muchos años como una rutina pero en realidad no sabes si te está haciendo efecto o no».
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Alfonsa Gil, de 61 años, es una de las personas que tiene el ADN secuenciado. En tratamiento por cáncer, considera que el trato recibido en el consultorio ha sido «estupendo» gracias a las sanitarias.
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