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Matías acaba de aparcar su Citroën C15 en la residencia de mayores Santa Ana de Malpartida de Cáceres. Son las seis de la tarde y ... va a ver a sus hermanas Isabel y Natividad. Con 95 años sigue conduciendo, aunque no sale mucho de esta localidad cacereña en la que viven los Silva Acedo.
Entre todos suman tres siglos. Isabel acaba de cumplir cien años y Natividad tiene 97. Pero, cuál es el secreto de la longevidad de esta familia.
Cuando se les pregunta, los tres coinciden. «Trabajar mucho y comer bien. Nuestro cocido, las judías blancas, la tortilla, el gazpacho y las migas que no falten. Y todo bien 'aliñadito'. Mucha variedad y poca cantidad», cuenta Natividad. Sus hermanos asienten con la cabeza. «Ah, y carne también hemos comido bastante. El pescado no nos gusta mucho. Solo el de nuestra tierra, la tencas y las carpas, el de nuestra zona, pero poco más. Tampoco hemos tenido vicios de tabaco ni de beber», comentan los Silva.
El pequeño de los tres hermanos es el único que vive en una casa con sus hijas. Natividad e Isabel están en la residencia de Malpartida desde hace tres años. «Aquí nos tratan muy bien», aseguran. «El otro día celebramos mi cumpleaños y vino toda la familia», recuerda Isabel.
Ella ya es una de las 315 centenarias que residen en Extremadura. 107 hombres también han cumplido un siglo y viven en esta comunidad. En las últimas dos décadas el número de extremeños que pasa de los cien años se ha multiplicado por cuatro.
A los Silva Acedo no les falla la memoria. Juntos recuerdan los buenos y malos momentos de una larga vida. Isabel trabajó en un fábrica de calcetines durante 17 años hasta que la cerraron y luego, junto a Natividad, realizaron muchas labores con una máquina de hacer punto.
Isabel es soltera y no ha tenido hijos. Natividad sí se casó, pero su marido falleció a los pocos meses de contraer matrimonio y su hija murió cuando tenía 44 años.
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Pese a esos duros golpes, se ha sobrepuesto a la vida y ahora en la residencia es feliz con su hermana, que tras cien años también guarda en su memoria momentos difíciles. Juntas vivieron la Guerra Civil. «De eso es mejor no acordarse», dice Matías.
«Cuando estalló el conflicto, mis padres tenían una churrería y tuvimos soldados hospedados en las casas, pero aquí no fue tanto como en otros sitios. Esto era un pueblo tranquilo», explica Natividad. «El problema es que no había harina y penábamos mucho para poder trabajar. Como una temporada no tuvimos churros, pues íbamos a Cáceres a comprar sardinas y frutas y luego las vendíamos en el pueblo», cuenta Natividad.
Los tres mezclan muchos de los momentos que han vivido. Otro de los más difíciles fue el cáncer de garganta que tuvo Isabel hace 15 años. Le tuvieron que operar y desde entonces es complicado entenderla cuando habla.
Sin embargo, con sus ojos también comunica. Se le ve alegre y transmiten la sensación de haber tenido una vida plena. ¿Le queda algún sueño por cumplir? Isabel responde: «Nada, ya he hecho mucho».
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